sábado, 2 de marzo de 2013

Estéril.

Hey, no mires abajo.



 Querría acercarme a ti y preguntarte si tienes miedo, pero sólo eres una silueta al otro lado de la aspereza de esta cuerda que nos sostiene por encima de la más absoluta nada.
Como si formáramos parte del espectáculo. 
Cada uno en un extremo, manteniendo el equilibrio que nos impide acercarnos. 
Llevo mucho tiempo obsevándote siempre en la misma postura, para no caer. 
Necesito moverme. 
El tiempo ha atrofiado mis músculos. No responden. Ya no recuerdan la función que deberían acometer.
Un paso.
Otro paso.
Otro más.
Pierdo la cuenta.
Podríamos precipitarnos los dos. Yo me tambaleo, tu no. ¿Por qué?
Sabes qué hacer, explícamelo. ¿Qué hago aquí?


Me miras. No. Miras a través de mí. 

Tan cerca ahora...


Luego recordé quien era yo y quien eras tú. 
Puse los pies exactamente en el lugar en el que me correspondía, y perdí el equilibrio.
Caí al vacío.
 Quizás rozara tu mano, quizás te diste cuenta, quizás sentiste algo al verme desaparecer.

Como la fruta se sorprende al desprenderse de la rama y sentir el duro choque contra el asfalto, donde se pudre. 
Estéril.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario