jueves, 14 de marzo de 2013

El árbol.

Perdido entre miles de los suyos, esperaba el árbol su madurez.
La dureza de las ráfagas invernales lo obligaba a mantenerse con vida. Aunque fuera tan solo para esperar la siguiente primavera, con la ilusión de poder descubrir de una vez por todas que frutos serían los que curvarían ligeramente sus ramitas.

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