lunes, 24 de diciembre de 2012

El color del cristal con que se mira

Cabía la posibilidad de que fuera un sueño. 
Lo más lógico era que lo fuese...
La habitación ya no olía como siempre.
Las sombras no correspondían con los focos de luz del pasillo y la ventana.
El agua de la pecera temblaba y dibujaba ondas que chocaban contra el cristal abombado. 
Tenía que ser un sueño, pero no lo era.
Estaba despierta, mientras el mundo estaba sumido en un sueño muy, muy profundo.
Podía escuchar cómo se rompía el silencio acompasado del ir y venir de una respiración tranquila, de miles de respiraciones tranquilas. 
No puedo saber si hay alguien más escuchando lo que yo escucho.

El sonido de las gotas de lluvia al caer.
 Zarandean las hojas de los árboles y hacen temblar los insectos que se alimentan de ellas, obligando a una mariposa alzar el vuelo. 
Oigo el aleteo de la mariposa que, llevada por el viento, revolotea por encima de una bestia de pelaje denso y negro
Respira profundamente, intentado conciliar el sueño.  
Percibo el murmullo de la hierba transmitiendo las noticias que llegan de distintos lados del mundo.
Se oye el ruido que hacen las raíces del roben roble incrustándose en la tierra, creciendo hacia la profundidad...

Deseaba que no fuera un sueño.
Deseaba que el sonido de la tierra formara parte de mí, que me recordara lo que hay más allá del asfalto y el gris característico de ese mundo que crece en una burbuja e ignora todo aquello que no reporta números de grandes cifras.
Deseaba que fuera tan real que me uniera a las gotas de lluvia, a la mariposa, a la bestia, a la hierba y al árbol. 

Cierro los ojos y veo los armarios transformados en troncos gruesos, envueltos en musgo. No hay rastro de las alfombras raídas, tan solo un manto verde.
Ya no hay superficies lisas, todo es irregular pero equilibrado. 
Los patrones están para aquellos a los que les interese escuchar y descubrir, en vez de luchar por gobernar lo que jamás les pertenecerá.

Abro los ojos muy lentamente, con miedo a encontrar todo como siempre. Perder la mariposa o el árbol y volver a las superficies lisas y grises. 
Me niego a olvidar o ignorar esos sonidos, los olores y el tacto de la hierba contra mis pies.

Me doy cuenta, entonces, de que yo ya he tomado la decisión.




domingo, 16 de diciembre de 2012

Cuento jamás contado





 Presa de mi subconsciente
arullada por la vida
pasada, tendida
apenas con vida 
dormida en silencio 
aborto de un sueño
brote nacido muerto

El beso de la lluvia
enciende mis mejillas
el viento me devuelve
oscuras pesadillas

Húmedos recuerdos 
del mundo conocido
angustioso letargo
dichoso fruto amargo

Cargo con el peso
de un beso extraviado
ni nado ni cobrado
jamás relatado
un cuento olvidado
escrito en el aire
y nunca terminado.

Never too late




Tal vez le demos la vuelta
 a todo a nuestro alrededor
Porque no es demasiado tarde
Nunca es demasiado tarde

lunes, 10 de diciembre de 2012

Camino

 

Constantemente miro hacia delante y solo veo la negrura que precede a un camino jamás transitado.
Esa negrura me asusta, me da miedo no saber donde voy a poner el pie.
Apenas veo unos pasos por delante de mí.

A veces noto como me acerco a algo... algo nuevo. Cambia el ambiente, el espesor de la negrura, su intensidad.
Me brillan los ojos de la expectación.
Cuando mi camino se cruza con otros... por un segundo no hay nada comparado con eso.
 Es una sensación de liberación, de unión con el resto del universo, equilibrio.
Te repites que todo irá bien, que durará un tiempo, hasta que inevitablemente todo vuelve a la normalidad.

Y de nuevo ese peso sobre los hombros, esa oscuridad impenetrable y el caminar lento y pesado...

sábado, 8 de diciembre de 2012

Corazones

A veces simplemente me gustaría ver, sentir o leer el corazón de la gente. 
Saber que hay dentro y cómo es...

Un corazón de madera, o quizás echo de metal.
Puede que los encontrara echos de pluma o simplemente de brasas ardientes.
Incluso corazones echos de espuma de mar.
Sabría si existen corazones de lodo, fangosos y oscuros.
Descubriría los corazones aterciopelados, rugosos y ásperos.
Corazones translúcidos echos del cristal más fino y delicado.  
Corazones de chocolate, de miel.
Corazones de otoño.
Corazones de lluvia.
Corazones de todos los colores... con miles de reflejos distintos y juegos de luces.

Así no habría mal entendidos, ni mentiras, ni falsedad...
Así miraríamos nuestros corazones.... solo corazones.





Escribir...




De las vueltas que de, siempre a cabo por darme cuenta que escribir es uno de los mejores modos de expresar lo que siento.
Lo que más duele es que para leer lo que otros han escrito se necesita cierta paciencia.
Sí, hay gente que la tiene.
Pero, cuando lo único que deseaba con todas mis fuerzas era que tu tuvieras esa paciencia... cuando tu no la tuviste.... siquiera te interesaste... una parte de mí simplemente se rompió.
Y cayó de golpe en la realidad de la que poco a poco me había ido alejando.

Ahora simplemente escribo. Con un pié en la tierra y con otro a saber donde...