Cabía la posibilidad de que fuera un sueño.
Lo más lógico era que lo fuese...
La habitación ya no olía como siempre.
Las sombras no correspondían con los focos de luz del pasillo y la ventana.
El agua de la pecera temblaba y dibujaba ondas que chocaban contra el cristal abombado.
Tenía que ser un sueño, pero no lo era.
Estaba despierta, mientras el mundo estaba sumido en un sueño muy, muy profundo.
Podía escuchar cómo se rompía el silencio acompasado del ir y venir de una respiración tranquila, de miles de respiraciones tranquilas.
No puedo saber si hay alguien más escuchando lo que yo escucho.
El sonido de las gotas de lluvia al caer.
Zarandean las hojas de los árboles y hacen temblar los insectos que se alimentan de ellas, obligando a una mariposa alzar el vuelo.
Oigo el aleteo de la mariposa que, llevada por el viento, revolotea por encima de una bestia de pelaje denso y negro.
Respira profundamente, intentado conciliar el sueño.
Percibo el murmullo de la hierba transmitiendo las noticias que llegan de distintos lados del mundo.
Se oye el ruido que hacen las raíces del roben roble incrustándose en la tierra, creciendo hacia la profundidad...
Deseaba que no fuera un sueño.
Deseaba que el sonido de la tierra formara parte de mí, que me recordara lo que hay más allá del asfalto y el gris característico de ese mundo que crece en una burbuja e ignora todo aquello que no reporta números de grandes cifras.
Deseaba que fuera tan real que me uniera a las gotas de lluvia, a la mariposa, a la bestia, a la hierba y al árbol.
Cierro los ojos y veo los armarios transformados en troncos gruesos, envueltos en musgo. No hay rastro de las alfombras raídas, tan solo un manto verde.
Ya no hay superficies lisas, todo es irregular pero equilibrado.
Los patrones están para aquellos a los que les interese escuchar y descubrir, en vez de luchar por gobernar lo que jamás les pertenecerá.
Abro los ojos muy lentamente, con miedo a encontrar todo como siempre. Perder la mariposa o el árbol y volver a las superficies lisas y grises.
Me niego a olvidar o ignorar esos sonidos, los olores y el tacto de la hierba contra mis pies.
Me doy cuenta, entonces, de que yo ya he tomado la decisión.

No hay comentarios:
Publicar un comentario